lunes, 19 de septiembre de 2016

Cuando un hombre se aleja de la Naturaleza.



LA SUPREMA DOCTRINA
Los seguidores de la sencilla doctrina de Fukuoka Sensei en todo el mundo se cuentan ya por muchos millares, y tal vez muy pronto por millones. Su enseñanza: la suprema sencillez del no hacer nada, de un wu-wei consciente. Mu, la nada, el vacío, la nadidad del Zen. Hacerse a un lado, abrir la puerta, dejar entrar el milagro constante de la Vida en nosotros mismos, en cuanto nos rodea. Solo dejar obrar a la fuerza misteriosa de la Naturaleza. ‘ Las hierbas y las malezas han sido mis maestros. Ellos me han enseñado esta forma natural de plantar y cultivar ‘ -afirma. Todo es como debe ser. Ni un grano de nieve cae donde no debe caer. Fukuoka tiene una fe inquebrantable en la fuerza todopoderosa del amor. Con la ternura con la que un abuelo enseña a sus nietos, muestra a los niños como cubrir con devoción una semilla con un poco de arcilla y frotarla con ambas manos para construir un infinito en miniatura:
“El Universo y todo lo que contiene no avanza a lo largo de un curso lineal ni de dos dimensiones- escribe- Se expande y crece volumétricamente hacia su exterior y, en el límite mas lejano, debe quebrarse, rajarse, colapsarse, desaparecer. Pero en un punto mas allá de ese límite, lo que debería desvanecerse invierte su curso y reaparece, moviéndose ahora centrípetamente, hacia su interior, contrayéndose y condensándose. Lo que se ha formado se vaporiza en los límites del desarrollo en un vacío, y ese vacío se condensa, toma forma y reaparece, en un ciclo inacabable de contracción y expansión “
¿Pero cual es el secreto de este hombre sencillamente inmenso que ha resucitado bosques que parecían muertos, ha dado la vida a montañas yermas, a desiertos estériles? ¿Que ha hecho brotar el agua de la vida en cuantos se le acercaban, entusiasmados y felices como nutrias ante el prodigio simple, cotidiano, palpable y no obstante inaccesible del acto creador? ¡Que ha hecho reverdecer el corazón moribundo de cuantos le rodean ¡ Fukuoka nos lo revela :
“ Solo hay una cosa que existe, que todo es Uno. También descubrí que no hay nada que exista en este mundo. Esta es la idea que he seguido. He intentado entrar cada vez más en los detalles de esa Nada. La única gran idea que tuve hace veinticinco años es que todo es lo mismo. Mi pensamiento esta con la Nada. Mu. Hacer nada. De acuerdo con este pensamiento, incluso la educación es inútil. Todo el secreto es que no me preocupo en lo absoluto por mi salud. A los sesenta años decidí hacerme estúpido y hacer estupideces ”.
Estas palabras bien nos recuerdan al bienamado Francisco, que en su juventud decidió también convertirse en un hombre simple, sencillo, en un idiotae y errar por los caminos cantando en provenzal y en francés, con el hermano Egido su amor infinito por la Naturaleza y el Creador. Como un derviche, un Baul errante o un sadhu, ¡Fukuoka es también un loco de Dios !¡ Hace años, hizo un genial descubrimiento – que el afirma no ser sino una imitación de la Naturaleza- simplemente mezclar semillas con arcilla
( Nendo Dango en japonés ) primero a mano y luego con ayuda de una hormigonera, hasta convertirlas en bolitas llenas de vida que arrojaba a los cuatro vientos. La Naturaleza se ocupa después por sí misma. Los pájaros no tienen la oportunidad de comérselas porque la efímera armadura de arcilla las protege. La lluvia las hunde en la tierra y allí se disuelve la arcilla dejando a la semilla intacta. Sencillo, como todo cuanto es santo y sagrado. Fukuoka San resume su doctrina en la necesidad imperiosa de retornar a la Naturaleza.
“Cuando el hombre se aleja de la Naturaleza
no puede sentir su corazón” .
Habiendo sido un científico de gran fama en Japón, también nos previene sobre la experimentación en la energía de los superconductores, pues la investigación sobre la antimateria puede convertirse en la cosa mas peligrosa que jamás haya existido y resultar miles de veces más destructiva que la bombas nucleares. Igual de peligrosa considera la manipulación genética de los alimentos, la clonación de seres vivos e incluso, algún día, de los humanos. Un poder inmenso en manos de seres humanos con escasa capacidad moral para comprenderlo y utilizarlo según el Dharma, la suprema ley de la armonía que rige el Universo.
Para Fukuoka, la Naturaleza es una unidad. No hay principio ni final. Solo un flujo interminable y una metamorfosis continua de todas las cosas. Hay que empezar en la nada y terminar en la nada. Observar obrar la Naturaleza a distancia. Convertirnos en Mu, tratar de regresar a la naturaleza de Mu.
Pero debajo de esta sencilla doctrina se esconde una verdad estremecedora: desposeerse de uno mismo, purificarse, retornar a la suprema sencillez, no intervenir, no interponerse, dejar hacer. Caminar sobre esa Naturaleza como un viejo taoísta, sin dejar huella, ni perfume, ni recuerdo. Fukuoka-san nos aconseja :
“ Si vamos quitando de la Naturaleza, una tras otra, las capas del conocimiento humano, la verdadera Naturaleza surgirá por sí misma. Una profunda mirada al orden natural así revelado nos mostrará claramente cuan grandes has sido los errores cometidos por la Ciencia. Con toda seguridad sobrevendrá una Ciencia que repudiará a la Ciencia de hoy. Las cosechas solo necesitan ser confiadas a la mano de la Naturaleza. El punto de partida del Cultivo Natural también es su destino, y el viaje entre ambos está en medio”.
A tal respecto, podríamos evocar el milagro de una verdadera explosión de vida que se sigue produciendo aun hoy en día en una pequeña aldea cerca de Aberdeen, en Escocia, donde hace años Eileen Caddy y su esposo Peter fundaron la comunidad de Findhorn, un paraíso espiritual tal vez único en el mundo. En este lugar, por medio del amor y de la oración, se logra el fenómeno inexplicable de cosechas excepcionales, flores gigantescas, frutos y hortalizas de tamaños inusitados, cultivadas a veces en arena de playa. Eilleen dice que es obra de los ‘ Espíritus de la Naturaleza’ y de un trabajo personal en el cultivo interior del amor, de la armonía y de la mas profunda humildad ante el misterio de la Creación.
Fukuoka profetiza que esa relación simbiótica con la Madre Naturaleza es el único futuro posible para la humanidad. Cuando le preguntan cómo lograr restituir a la tierra desértica su natural estado de fertilidad, este antiguo científico de talla mundial y profesor de universidad, responde:
“ ¡ Deberíais esparcir semillas y después ,
danzar y tocar el tambor para atraer la lluvia ¡ “
... ¡ y permitir que las ranas vuelvan ¡ pues cuando regresan las ranas es signo inequívoco de que los delicados ritmos biológicos y los vulnerables sincronismos ecológicos de la Naturaleza han sido restablecidos ( la palabra japonesa kaeru ‘ rana’ , se pronuncia igual que ‘ volver ‘ ) Fukuoka profetiza que esa relación simbiótica con la Madre Naturaleza es el único futuro posible para la humanidad. .
“ En vez de utilizar los aviones para lanzar bombas, deberían utilizarse para lanzar semillas. Todo científico de primera fila sabe que la Tierra no va a durar mas de cincuenta años. Solo tenemos una solución: sembrar semillas por toda la superficie de la Tierra. Esta es la única oportunidad que nos queda ¡ ayuden ahora , por favor ¡ “
A los niños , a los jóvenes y a los hombres y mujeres de corazón de todo el mundo, Fukuoka –San les dice :
“ No necesitamos dinero ni organizaciones,
solo sembrar con el alma para que crezcan mejor.
Cuando sembráis, sois como Dios. “
Rodeado de esa Naturaleza santa y venerada, Fukuoka canta también, extasiado, presa de un arrebato de alegría y de agradecimiento infinito a la Creación:
” Volvamos, volvamos, volvamos,
todo volverá.
La rana también volverá.
Volvamos a donde la madre,
volvamos a la Naturaleza,
volvamos a la procedencia..”
Carmelo Rios (del libro YOGA DEL AGUA, VOLVER AL OCÉANO, ediciones Alfaomega)

No hay comentarios:

Publicar un comentario